Ya hemos dejado atrás Rumania, y hemos llegado a nuestro siguiente país de la ruta, Bulgaria.

Antes de llegar a Bulgaria, nos sorprendió que hubiera control de documentación en la frontera ya que ambos son países de la UE (y del espacio Schengen). Ambos controles fueron bastante cortos, mucho más que al cruzar de Serbia a Rumanía, pero esperábamos que no hubiera.

Ya en Bulgaria, hemos empezado visitando la costa del mar Negro, que teníamos cierta curiosidad para ver cómo era el ambiente playero por aquí.

Empezamos haciendo una breve parada en la ciudad de Varna, la tercera más grande del país, y que tiene un nombre curioso para los que somos de Barcelona. Ahí pasamos una tarde dando una vuelta por el centro, con unas cuantas calles peatonales que estaban bien, con alguna que otra iglesia ortodoxa bastante bonita, y unas ruinas de unas termas romanas. Ademas la ciudad tiene un paseo muy verde por la zona costera, bastante agradable de pasear. Eso sí, la playa de la ciudad estaba completamente abarrotada de beach clubs y de tumbonas y sombrilas.

Al día siguiente ya salimos hacia Burgas, para recoger el coche de alquiler, y drigirnos ya al pueblo costero de Sozopol, que es donde nos hemos alojado el resto de los 7 días que hemos estado por la zona.

Sozopol es un pueblo que está ubicado en una especie de saliente hacia el mar que tiene la costa, y es bastante bonito, con una muralla que lo rodea, calles empedradas, y unas casitas típicas de la zona, con un primer piso (la planta baja) construido de piedra y un segundo piso de madera. También hay muchos restaurantes con terrazas muy agradables, y varios miradores para ver la zona amurallada.

En los alrededores del pueblo hay unas cuantas zonas urbanizadas algunas de las cuales tienen unas casas bastante chulas, con unas vistas espectaculares del mar y toda la costa.

Aparte del pueblo en sí, hemos estado recorriendo algunas de las playas de la zona, y la verdad que no están nada mal. A ver, no se pueden comparar con otras playas paradisíacas que hemos visitado, y se parecen más a las playas de la costa española, pero tienen bastantes puntos positivos, ya que las aguas son muy transparentes, limpias y tranquilas (al menos estos días que hemos estado), y no están nada masificadas. Además, hay bastante variedad de tipos de playa, algunas playas largas más llenas de chiringuitos con tumbonas y sombrillas, otras playas también largas y más salvajes y vacías, calitas más pequeñas y salvajes... A nosotros la que más nos ha gustado, y en la que hemos repetido más días ha sido la pequeña calita que hay al lado de la playa de Arkutino, aunque la más famosa de la zona es la de Silistar, muy bonita y salvaje pero con una parte considerable ocupada por tumbonas, y con más gente de la que esperábamos en una playa que está bastante alejada, ya casi pegada a la frontera con Turquía. Nos ha parecido que no valía la pena hacer el recorrido hasta allí teniendo la de Arkutino a unos pocos minutos.

En general, la zona nos ha parecido que todavía estaba bastante concurrida, a pesar de que habíamos leído que la zona se vaciaba bastante una vez finalizado Agosto. Pero por lo visto el 6/9 (lunes) era el festivo de la unificación de Bulgaria, y sobre todo el fin de semana se ha llenado bastante.

Aun así, toda esta costa no tiene el nivel de desarrollo de muchas otras zonas de costa europeas, y a pesar de que haya gente, no se tiene para nada la sensación de un lugar masificado. Veremos lo que dura je je ...

En cuanto al tiempo no nos podemos quejar, ya que todos los días nos ha hecho solazo espectacular, poco viento y bastante calor, en definitiva, tiempo ideal para estar en la playa.

Y en cuanto a la comida, hemos mejorado bastante, aunque no todo lo que nos gustaría. Hemos podido ir a varios restaurantes, todos con vistas muy chulas al mar, y en los que la carta estaba repleta de pescado y marisco. De todos modos, aquí sirven el pescado frito y rebozado en la gran mayoría de platos, cosa que, bajo nuestra modesta opinión, si el pescado es bueno y fresco (que se notaba que lo era), es completamente innecesario ya que le mata todo el sabor y textura. Pero bueno, hemos comido buenos mejillones, calamares, y un plato muy curioso al que llamaban "caviar", que era como una crema para dipear (tipo hummus) hecha de huevas de pescado que la verdad que estaba bastante rica.

Y así es como hemos pasado estos días por la costa búlgara del mar negro, una gran desconocida para muchos, y que a pesar de no tener unas playas súper espectaculares, no están nada mal para pasar unos buenos días tranquilos de playa.

Ahora ya nos vamos de la costa y nos adentramos hacia el interior del país, y volvemos al turismo más de ciudad.