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La siguiente parada de nuestra ruta por Turquía ha sido la Capadocia, donde hemos pasado 3 días descubriendo uno de los paisajes más curiosos que hemos visto y que nos ha recordado un poco a lo que vimos cuando estuvimos por Sudamérica, el desierto de Atacama y la Tatacoa.
La verdad es que la zona nos ha encantado. Lo que más llama la atención son sus peculiares formaciones rocosas, que parecen sacadas de otro planeta. Se originaron a partir de antiguas erupciones volcánicas y, con el paso del tiempo, la erosión del agua y el viento fue moldeando el terreno hasta crear estas formas tan características. Además, desde hace siglos, sus habitantes han aprovechado que la roca es relativamente blanda para excavar en ella cuevas a modo de viviendas, iglesias y otras construcciones.
La mayoría de los lugares que merece la pena visitar se encuentran bastante cerca unos de otros, por lo que resulta muy cómodo recorrer la zona sin perder demasiado tiempo en desplazamientos.
Durante nuestra estancia hemos ido visitando los principales valles y formaciones rocosas, cada uno con sus particularidades. Desde las famosas chimeneas de hadas, esas columnas de roca coronadas por grandes bloques que parecen sombreros, hasta pequeñas iglesias excavadas en la montaña, algunas de ellas con frescos que todavía se conservan bastante bien. En general, todos los sitios tienen su encanto y, aunque después de visitar varios uno podría pensar que es un poco más de lo mismo, siempre acaba apareciendo alguna formación o algún rincón diferente.
También hemos aprovechado para conocer un par de pueblos de la zona. Göreme es el centro neurálgico de la Capadocia y donde se concentra buena parte del ambiente turístico, con alojamientos, restaurantes y terrazas desde las que contemplar el paisaje. Pero nosotros nos hemos alojado en Ortahisar, un pueblo algo más tranquilo que también tiene mucho encanto, con su imponente castillo excavado en la roca y varias terrazas con vistas a las montañas que lo rodean.
Y, por supuesto, otra de las imágenes más típicas de la Capadocia son los globos aerostáticos. Una de las mañanas (muy prontito) nos hemos acercado a un mirador para ver cómo decenas de globos iban llenando el cielo al amanecer. Es un espectáculo bonito, sobre todo con todo ese paisaje de fondo, aunque no deja de ser un poco excesivo el hecho de que los propios globos se hayan convertido en una atracción turística en sí misma. Incluso da la sensación de que tienen más protagonismo que el paisaje que los rodea.
Nosotros de todos modos, nos hemos conformado con verlos desde tierra, ya que la experiencia de subir a uno no nos terminaba de convencer.
En el apartado gastronómico, también vamos poco a poco encontrándole el punto a la comida turca. Después de algunas primeras experiencias un tanto regulares, estamos empezando a descubrir platos bastante ricos. En Göreme, por ejemplo, comimos en una terraza el famoso testi kebab, un guiso de carne que se cocina lentamente dentro de una vasija de barro que rompen delante de la mesa al servirlo. Además de la presentación, que tiene su gracia, estaba muy rico.
En definitiva, la Capadocia nos ha parecido un lugar espectacular, con unos paisajes realmente únicos que nos han encantado y que pensamos que nadie debería perdérselo en un viaje por el país.