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id="wows85_24" />Nuestro viaje por Colombia ha continuado con una visita al desierto de la Tatacoa, un lugar un poco remoto y difícil de llegar, pero que creemos que ha valido la pena.
Tampoco es que esté excesivamente lejos de Bogotá (menos de 400 km), pero llegar hasta aquí fue un poco tedioso, ya que no hay autobuses directos y hay que ir hasta Neiva, la ciudad más cercana, y de ahí a Villavieja, que es el pueblo más cercano al desierto.
Los autobuses son bastante cómodos, pero van haciendo bastantes paradas. El segundo autobús a Villavieja sale cuando se llena, y durante el camino hicimos paradas en unas cuantas tiendas por el camino para que el conductor, o algunos de los locales del bus dejaran o recogieran cosas, saludaran a conocidos... 🤦 En fin... historias de la Colombia profunda!!
Ya los dos días siguientes hemos estado visitando el desierto, un día la parte roja, y otro día la parte gris, llamadas así por el color que tienen las formaciones cada una.
Este desierto, en realidad no es un desierto sino que es un bosque tropical que se seco hace miles de años. Parece complicado que se haya secado porque durante estos días han caído un par de buenos chaparrones, pero eso es lo que cuentan. Además todos los alrededores del "desierto" son zonas bastante verdes.
La primera parte que vimos fue la roja, y nos encantó, un paisaje espectacular de formaciones muy chulas de color rojo. En principio después de ver el desierto queríamos ir a un observatorio que está ahí mismo desde donde se pueden ver las estrellas y planetas de forma muy clara, pero siempre que esté el cielo despejado, y ese día estaba muy nublado, así que lo tuvimos que descartar.
Al siguiente día fuimos a ver la zona del desierto gris, también con formaciones rocosas de formas bien curiosas pero éstas de color gris claro. También vimos otra zona llamada el valle de los Xilópalos, que es como un desfiladero entre columnas de piedra escarpada y vertical, formada por fósiles de árboles a lo largo de millones de años. Ahí no pudimos adentrarnos mucho porque el camino estaba completamente embarrado porque hacía pocas horas que habia caído un chaparrón y todavía no se había secado. Y es que literalmente ponías un pie en el barro y se te hundía completamente, en plan arenas movedizas. Hubo algunos por eso que sí se atrevieron a pasar, así que seguramente no hubiera sido para tanto.
Esta parte gris también estaba muy chula, aunque la verdad nos gustó más la parte roja, sobre todo por el color.
En cuanto al pueblo de Villavieja, es un pueblo muy sencillo con 4 calles contadas, muchas sin ni siquiera asfalto. Pero encontramos un par de restaurantes bastante ricos, sobre todo uno en el que Albert comió un filete de vaca que le entusiasmó. El corte se llamaba "punta de anca", cuyo nombre a priori no parecía muy apetecible, pero por lo que nos contaron era el favorito de los locales, y por eso lo pedimos.
Algo que nos ha sorprendido es los pocos turistas que había. La mayor parte de nuestras visitas hemos estado solos, y sólo en algunos momentos hemos coincidido con unas pocas personas. Por lo que nos contó el conductor que nos llevaba, hace unos pocos años llegó a Colombia lo que denominaron "la fiebre de la Tatacoa" y todo el mundo iba a verlo en masa, pero como que ya todos los colombianos lo habían visitado, y los extranjeros no venían mucho por lo complicado que es llegar, así que el turismo había caído en picado...
En general, nos vamos muy contentos de habernos decidido a llegar hasta aquí ya que lo que hemos visto nos ha parecido muy espectacular y que vale la pena. Eran paisajes espectaculares y casi parecía que estabas como en otro planeta, como en la luna ...
Ahora ya nos vamos del "desierto", y vamos hacia zona montañosa, concretamente hacia el eje cafetero.